“Esta bien”. Era todo lo que tenía para decir: esta bien. No estaba bien, no era positivo de ninguna manera. Me había quedado petrificada: ¿Qué es Él en mi vida? –pensaba- ¿Qué lugar ocupo en su vida? Ningún lugar importante, con seguridad. Me sentí estúpida, usada, maleable como arenilla vencida. Una estúpida. Todo me daba lo mismo, necesitaba llenar con comida el hueco que sentía adentro. Así, mientras esperaba que se hicieran las tostadas comía un chocolate amargo, mientras les ponía manteca a los panes, tomaba café y gaseosa light; todo me daba lo mismo, necesitaba comer, necesitaba tener cosas en la boca y masticar y sentir el gusto de la comida de nuevo y masticarla a Ella, despedazarlo a Él y tragarme a su futuros (mui futuros) hijos.


